Todos somos cuerpos que se tocan a ciegas

He cambiado los nombres por respeto a los involucrados, quienes tienen conocimiento de este escrito.


Con la llegada de La Copa, Tinder rompió récords de descarga. La moda terminó por invadir también a Matías, un muchacho tímido que solía enmascarar su incomodidad con humor.

No te burles, pero era la primera vez que hacía algo así.

No entiendo, ¿Sexo?

Con una extraña.

Ah, ya, ¿Y cómo te sentiste?

No sé. Me resulta curioso que me preguntes eso, cualquier amigo querría detalles y con una mina no puede hablarse de esto.

Fueron a un motel en la primera cita, era uno barato que los esperaba con un par de cervezas guatemaltecas en la mesita de noche. Fue burdo y torpe; aunque con luz, eran cuerpos tocándose a ciegas.

Se quedaron acostados en la misma cama mirando en direcciones distintas. La verdad yo no quería, me obligué porque se supone que esto debe gustarme. Pero no le gustó.

Despertó en la mañana y ella ya se había ido. Entró al baño, prendió la regadera y sobre el lavabo vio su reflejo mientras escuchaba el agua caer.

Sentí una soledad que no conocía, me dio mucha pena, pena con hartas ganas de, no sé.

Llorar.

Sí, pero no pude.


Alzó la barbilla y sonrió a medias, estaba consciente de lo atractivo que era.

He tenido chicos por todo el mundo, unos aburridos, otros no tanto, pero ya han de saber ustedes, ser extranjero lo hace todo más fácil.

Soltó una carcajada y después todos reímos, le hicimos segunda porque tenía razón.


Fer conoció a un muchacho en un bar que a los pocos días fue por ella y la llevó a su casa a las afueras de la ciudad en un viaje de 90 minutos. No se acordaba de su nombre, pero era algo que empezaba con “e”. Le sirvió un vaso con agua y después le mostró algunos de sus trofeos. Deportistas, tú sabes. Y después uno se abalanzó sobre el otro.

¿Y fue bueno?

Promedio, ¿Sabes? Fue como quitarse una malilla. ¿Tú crees que debería importarme no saber su nombre?

No lo sé.

Aunque supiera su nombre no era Carlos —terminó su cerveza de un trago—, él ya se fue.

Levantó la mirada, sacudió sus demonios, golpeó la mesa con la palma abierta y pidió otra ronda marcando el inicio de una excelente noche. No le pregunté más, pero estoy segura que lo que Fer buscaba no era solo sexo.


Él no era especialmente feo ni especialmente estúpido. Le dije que no subestimara al tequila pero quiso verse como todo un macho. Caminamos un par de cuadras hasta llegar a mi destino.

Puedo acompañarte si quieres.

No —recordé cómo en la tarde compartimos un beso y me recorrió un escalofrío por la nuca—, ni siquiera puedes andar derecho.

Ya, Rosie, pero…

Que no, dije.

Entré al cuarto y prendí la luz, no era ni las 11. Tenía una sensación de indignación en el pecho, tomé el teléfono e hice una llamada que al colgar se sentía como a arrepentimiento. Pero estas cosas son así.


Me acosté con tres tipos en dos días una vez, cada uno por separado.

Quién te viera tan vigorosa.

Se escuchaban los gritos y carcajadas ahogadas de los que estaban jugando y bebiendo en la sala. No sé por qué decidió contarme aquello, la verdad es que nunca fuimos muy cercanas, pero las despedidas son así, son extrañas.

A veces que estoy en una plaza o en la micro y veo a la gente me pongo a pensar todo lo que tuvo que hacerse para que estuvieran aquí, el esperma que fecundó con éxito al óvulo, la gestación y el nacimiento, los años de educación, las penas y los logros, los amigos y familiares; todos ellos son el resultado de una evolución —hizo una pausa y lanzó la colilla por el balcón—. Pero esas son huevadas, Rosie, huevadas porque igual los escojo y me los tiro como pedazos de carne. Y ellos a mí, también yo soy evolución.

¿Te hace sentir mal eso?

No, son cosas que uno piensa y listo. Hay que ser pila para esto —se golpeó la sien derecha dos veces con el índice—, tal vez yo me canse un día o tal vez no, pero por ahora ejerzo mi derecho de diversión.

Y es válido ese derecho de diversión.


Caminábamos por el pueblo cada uno con un cono de nieve en la mano.

Qué asco, mi nieve tiene un cabello.

Y qué, seguro has comido cosas con más pelos— ambos reímos.

Pues qué me conoces.

La neta ya estoy cansado —hizo una pausa y lo miré sin saber a qué se refería—, de cómo todos cogen y yo no. Al final del día soy un ser humano que también tiene deseos, y sinceramente quisiera compartir algo así con alguien, pero no sé por qué yo necesito una conexión. “Sexo sin compromiso”, no entiendo, para mí siempre hay compromiso, siempre hay sentimientos.

Algunas cosas no son  para todos, hay quien tiene conectado el corazón a los genitales.

Yo soy de esos, y me da miedo encontrarme con alguien que sepa separar una cosa de la otra y me sienta usado.

No supe qué contestarle, en realidad no soy yo quien pueda darle una respuesta.


A veces es triste verlos, cuando se limitan, se engañan, se destruyen, pero han estado tanto tiempo juntos que ya no recuerdan el mundo sin el otro.

Te diría que soy feliz pero constantemente pienso en dejarlo, no sé qué hacer.


Algunos se llenan y otros se vacían, pero todos somos cuerpos que se tocan a ciegas.

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Para el amigo que me dijo que se sintió como esa canción de Rick & Morty , para el muchacho que sacó un artículo parecido al mío antes que yo 😦 y para el que guste leer con música.

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