Es posible que yo sea un poco como las personas mayores

Continuación de La finitud de tu palabra.

Quisiera empezar con “tú le eres al verano, a la cordillera, al mar, pero no a mí” y obligarme a completar un escrito de cuatro estaciones de la misma manera en la que me obligo a seguir una metodología antiquísima con complejo de moderna.

También quisiera hablarte de , lo haría si no lo considerara como una falta de respeto a estas alturas, pero tengo ganas de platicarte, encontraré la manera en los siguientes minutos (¿horas?).

Hoy leí El Principito de nuevo, impreso en una editorial distinta, puede ser que por novena o décima vez, no lo sé. Mi abuelo siempre me lo regala, los dos sabemos que lo leo en cada una de sus formas, que no me canso.

Pero este libro, que trata de un pobre diablo varado en el desierto que vio cruzado su camino con el de un mocoso extraterrestre que resulta ser el príncipe de un asteroide pequeñísimo, donde vive limpiando el jardín y calmando volcanes, enamorado de una rosa ingrata que es única en el universo… Esta historia tan breve, tan fantasiosa, tan simple, esconde una revelación distinta por cada uno de los meses del año.

Este escrito —el mío— no habla sobre El Principito, habla de todo lo que he ganado y perdido, de estar de vuelta, de lo bueno, lo malo y sus consecuencias; habla de la nostalgia de lo antiguo y la ansiedad de lo nuevo, del miedo a fallar, a tomar decisiones, a perder o no saber ganar.

Así Antoine me escupió una verdad —otra— cruda y dolorosa a escasas quince páginas de su obra, me hace pensar que tal vez soy una de esas personas que nunca se permiten olvidar:

Porque no me gusta que mi libro sea tomado a la ligera. Siento tanta pena al contar estos recuerdos. Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí es solo con el fin de no olvidarlo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que solo se interesan por las cifras […] Titubeo sobre esto y lo otro y unas veces sale bien y otras mal. Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja. Es posible que yo sea un poco como las personas mayores. He debido envejecer.

-Todo el azul del cielo, Rosy.

Anuncios

¿Y tú qué opinas? Deja un comentario :)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s