Déjenme volver a México

La incomodidad constante.

—Los accesos de las instalaciones del CRIT están súper mal, la única entrada también es salida, en la noche ha de ser muy peligroso.
—Sí, qué mala onda.
—Pero tengo entendido que este tipo de construcciones tienen que presentar un proyecto de vialidad al municipio para ser autorizadas.
—Ay, Rosie, ubícate, YA estás en México.
—¡¿Y eso qué?!
—Que aquí no se siguen las reglas.


No sé qué me pasó en ese momento, me inundó un sentimiento de vergüenza, rabia, impotencia, tristeza, indignación… Ese “ya estás en México” que me insinúa prepotencia y malinchismo, que me arrebata el derecho de señalar lo incorrecto y que se burla de mí.

Hay quienes pronto saben lo que quieren hacer de su vida, el lugar donde deben de estar, yo no. Siempre he estado en esa búsqueda incesante de pertenencia y compañía, la incomodidad que yace latente en mi pecho y no me deja dormir.

Llegué y me he privado de la vista de muchas personas, a otras les dejé de seguir huella, mis intereses cambiaron, puede que todo sea parte de madurar, no sé.

No me creo más ser humano por haber viajado, he sido bendecida por la vida, tome las oportunidades y así pasó, quiero seguir viajando porque soy curiosa, no renegona. Sudaca, malinchista, vende patrias, se te subieron los humos, desde que te fuiste ya no eres igual… Ah, raza…

Pero hoy estoy cansada, ya es suficiente.

Ya no terminen sus frases con po, no me apoden la polola, no me digan chilena, YO SOY MEXICANA; no sé de dónde es originario el pisco, me vale madres si te encanta 31 minutos, y sí, me tocaron varios temblores; la comida es mala, pero la bebida es buena, y si quieres que te imite el acento chileno, ten la cortesía de embriagarme primero.

Sí, claro que extraño Santiago, hablo con mis amigos de vez en cuando, ¿Y el músico? ¿Y el político? ¿Qué pasó con el viaje al Sur? Están en mi baúl, todo está en mi recuerdo, no en mi boca.

Volver ha sido más difícil de lo que quisiera aceptar, tenía completa libertad de equivocarme y probar, aquí no, pero no puedo olvidarme de eso con tantas voces recordándomelo.

Hablo extraño, lo sé, mas no pude evitar crecer durante todos estos meses: “[…] que me hace saber que en mí hay un animal inquieto, la incomodidad constante…

Yo adoro Chile, pero ya obtuve lo que quería y él de mí. Fue redención, reconciliación y al final resignación. Ahí aprendí a amar la vida en paisajes, música y personas, pero ya terminó, quizá a los años volveré a encontrarlo. Después de mí nada cambia, no dejo estela.

Contra un espejo apoyé la punta de un clavo y con un martillito le di un roce en la cabeza. En este momento solo soy una hoja en blanco, sin colores ni letras, plana y nada más.

Ya quiero estar contenta en la ciudad, quiero tocar la arena y sentir el aire de sal, quiero visitar mi niñez y probar sus sabores… Solo como Tijuana sabe, y que ella me regrese el aliento.

Por favor, ya basta, quiero tocar el suelo con los pies… I need to get my sh*t together, déjenme volver a México.

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En vez de limonero hay mar.

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