De lo absurdo y de lo abstracto hay aniversario.

Ya daba por perdido el intercambio porque no me llegaba la carta de aceptación. Ya me había deprimido y pensado en comprar una Mac con mis ahorros, volver rechazada al primer día de escuela después de hacer mi escándalo por haber aplicado; pero la carta llegó y, al contrario de lo que cualquiera pensaría, mis preocupaciones aumentaron.

Despedida es una palabra muy fuerte, pero a la gente le gusta organizar fiestas bajo ese pretexto, les hace sentir bien, y también son de las pocas ocasiones que puedes verlos a todos juntos. Me organizaron varias, fueron buenas, divertidas, como todo en Tijuana.

La verdad es que Santiago no me gustó al principio, comenzando porque llegué a la central de buses, que —como en casi todos lados— no está en la parte más bonita de la ciudad. Hacía demasiado frío para mí, todos hablaban muy rápido, el agua se tomaba de la llave y el costo-beneficio de la comida no el más óptimo; me arrepentí de haberme ido, nomás por ambiciosa, nomás por mamona.

Pese a todo eso, comencé a vivir la ciudad y sus personas, conocí muchachos que estaban en mi misma situación e hicimos comunidad. El resto es historia.

10527389_905170622832881_2934261403731780851_nRegresé por poco tiempo a casa, ni siquiera terminé mi semestre presencialmente, tampoco tuve tiempo de despedidas, ni una sola. Un día estaba en el mar y al día siguiente en la cordillera, tan pronto me fui, que me sentí a medias, ¿Que no había terminado de arreglar todo lo pendiente?

Y esta visita es por mucho diferente. Casi todos mis amigos son extranjeros y ya no están aquí, y los chilenos, bueno, hay unos regalones y otros tímidos, pero los quiero igual. He sido muy bendecida al conocer buenas personas —también— esta vez, su cura es distinta, pero embonamos perfecto.

A veces quisiera volver a entrar al Cielito Querido de La Condesa y ordenar un chocolate blanco con horchata, parada ahí, frente al mostrador, ignorante de todo lo que estaba a punto de cambiar para siempre, pero entonces me olvidaría de todos ustedes, y eso no lo querría jamás. Yo sé que dejar Santiago me va a doler mucho más que la última vez.

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