El principio de Pareto.

Mientras busco la combinación de palabras menos terribles, los días se van despegando tan rápido del calendario, que ya es primavera…No sé cuánto más pueda seguir alimentando esta farsa.

Llegó un momento en el que, de la noche a la mañana, crecí. Y mis responsabilidades han cambiado, al grado de que ya no tengo tanto tiempo para mí (y esta vez SÍ me refiero a mí), pero es bueno, ésto es lo que quiero, un reto, que me haga grande, fuerte, competitiva, que me de ganas de seguir.

Pero lo más pesado no es el trabajo, ni la distancia. Es el tiempo. Y mucho tiempo… Es en este punto en el que me pregunto tantas cosas. Mi ego, orgullo, competitividad y ambición me empujan a hacer cosas ridículamente planeadas, repitiéndome “¡80-20!” una y otra vez.

Es en los pequeños momentos en que el corazón se duerme, que comprendo por qué nadie es capaz de amar a alguien así.

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